(Septiembre 2020)

“Me da pereza meditar”

En bastantes ocasiones me encuentro la resistencia  de la pereza en  muchas personas que comienzan a practicar la meditación  y hoy vengo a desmontar esta excusa tan común y tan limitante, por si fuera éste tu caso.

Cuando uno decide empezar a meditar porque de una manera intuitiva sabe los beneficios que ello puede traer a su vida, suele cogerlo con muchas ganas y motivación, al principio todo son buenos propósitos y empieza a seguir todos los pasos, a crear un espacio, incluso a veces se compra un cojín de meditación, incienso, o simplemente toma la decisión consciente de buscar ese momento del día para desconectar del mundo y conectarse a sí mismo, pero… una cosa es la teoría y otra la práctica.

Soy consciente de que en muchas ocasiones surgen resistencias de todo tipo: no tengo tiempo, esto no es para mí, tengo cosas más importantes que hacer, esto no sirve para nada… nuestra mente  y nuestro cuerpo no están acostumbrados a parar, a pasar del modo “hacer” al modo “ser” y ahí empieza una pequeña batalla para instaurar un hábito en tu rutina que sin duda puede cambiar tu vida.

Hoy vamos a profundizar en la pereza como excusa para ponerse a meditar, y es que es curioso, porque meditar en realidad es ¡no hacer nada! es simplemente sentarte a estar, ahí, contigo, observando lo que surge, nada más, pero esto aparentemente tan fácil y sencillo, a veces nos da una pereza que no podemos vencer,  porque claro, nos han programado desde bien pequeños para ser productivos, a hacer, a correr y a no parar, pero déjame decirte que esto que tanto te cuesta es una inversión de tiempo, en tu calidad de vida, en la calidad de cualquier actividad que te propongas hacer después, en tu paz mental, en tu autoconocimiento y en tu bienestar.

La pereza no puede hacerte perder la oportunidad de experimentar algo tan importante, si ya has llegado hasta ahí, si ya has tomado esa decisión, si por el motivo que sea te has dispuesto a probar, hazlo. Se firme y utiliza el poder de tu intención para vencer a esa pereza. Que nada te impida darte esta oportunidad de conectarte a tu Ser y a la Vida, porque aunque cueste  coger el hábito, una vez instalado de forma regular, te aseguro que no podrás dejarlo. Al menos date el plazo mínimo de 8 semanas y cada día durante ese tiempo siéntate a meditar, empieza por 5 minutos y ve subiendo el tiempo de meditación (en mi opinión unos 30 minutos es lo ideal) ponte audios guiados si te ayudan al principio, busca un guía si crees que lo necesitas, acude a algún grupo de meditación si lo sientes, ve ajustando tu propio tiempo, lugar y postura, pero no permitas que la desgana y las falsas creencias limitantes te dejen instalarte en la pereza. En estos tiempos que corren, se hace muy necesario que nos cultivemos interiormente si realmente queremos ver un cambio a nivel personal que nos vaya llevando a un verdadero cambio global, y es que los grandes cambios son así, de uno en uno y a pequeña escala, hasta que una masa crítica de gente vaya reflejando esa paz y bienestar en el mundo.

Para resumir de forma magistral la pereza a la hora de meditar, te transcribo a continuación unos párrafos del libro Ecología Mental. Experimentar la Paz, de Jorge Lomar, cuya lectura siempre recomiendo y nunca dejaré de hacerlo:

“¿Cómo puede dar pereza algo tan gozoso y efectivo como meditar? Está claro que la pereza la establece una mente que no tiene en cuenta la paz como máximo objetivo. Beber agua fresca del río cuando sudas en la caminata no puede dar pereza. Descansar cuando tu cuerpo está alterado y cansado, no puede dar pereza. Solo puede dar pereza desprogramar el implante que hay en tus creencias de que debes producir, hacer cosas como una máquina y aprovechar el –siempre escaso- tiempo que te queda como todo cuerpo que caduca. ¿Pero es ésta la percepción que deseas aceptar de ti mismo?

Mucha más pereza me da seguir atrapado en el personaje que persigue zanahorias y que huye del palo. Pereza da el ir de un lado a otro subido a un caballo que no sabe a dónde va. Pereza da alterarse constantemente, sentirse un muñeco emocional, estar atrapado por el tiempo con prisas de un lado para otro, crear problemas, frustrarse y volver una y otra vez a las andadas. ¡Esto sí que da pereza!”

Así que por favor, si estás leyendo esto y sientes que no meditas porque te da pereza, no permitas que ésta te venza y te prive de la oportunidad de vivir una vida plena y consciente, ni más ni menos que la vida que mereces.

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(Julio 2020)

Te Veo, Veo tu Alma, tu verdadera Esencia, quien realmente Eres…

En la película Avatar (la cual te recomiendo ver si aún no la has visto, o si ya la has visto, te recomiendo que la vuelvas a ver con otros ojos tras leer este artículo) es común saludarse con la frase: TE VEO.

Hoy quiero hablar sobre esta sencilla y bella oración que va más allá de lo que aparentemente parece. Y es que, una cosa es lo que somos en apariencia, y otra distinta es lo que somos en ESENCIA.

Nuestra apariencia cambia, es finita y muere. Nuestra Esencia no cambia, es infinita y es eterna. Una de las maneras más efectivas de conectar con ese ser esencial que somos, es practicando la meditación y haciendo silencio en nuestro interior.

Ver a los demás más allá de su apariencia, es algo que vamos consiguiendo a medida que nos vamos viendo a nosotros mismos en nuestra verdadera esencia, se va dando cuando nos vamos situando en nuestro SER profundo e ilimitado y vamos descubriendo lo que verdaderamente SOMOS.

Así, a medida que uno va creciendo en autoconciencia, trabajando en su interior y descubriendo quién verdaderamente es más allá del ego que se ha ido construyendo, va viendo a los demás desde esa profundidad, trascendiendo máscaras y prejuicios porque entiende que todos estamos conformados por esa misma Esencia.

TE VEO, desde mi punto de vista, significa:

TE VEO más allá de tu forma física, mental y emocional, veo en lo profundo de ti, veo el lugar donde tu alma reside.

TE VEO sin expectativas, sin juzgarte ni culparte porque sé que en lo profundo ya eres un ser perfecto.

TE VEO,  te respeto, te reconozco y sé quién ERES.

TE VEO y te doy la bienvenida, te acojo y te acepto tal y como eres.

TE VEO porque ME VEO y honro ese lugar dentro de ti de Paz y de Amor, donde cuando tú estás en ese lugar y yo estoy en ese mismo lugar, TÚ Y YO SOMOS UNO.

La práctica de Mindfulness es esencialmente un camino de autodescubrimiento que te va conduciendo al despertar de conciencia y a un cambio en el sentido de tu identidad, situándote gradualmente  en tu Ser despierto y consciente.

Te dejo aquí una de las prácticas informales de nuestro curso de 8 semanas relacionada con este tema y que te aconsejo empieces a practicar con tus seres queridos.

Regala tu presencia

 Aprovecha en esta semana tu capacidad de estar presente para los seres cercanos a tu corazón, sin necesidad de decirles nada y sin esperar nada a cambio, como un regalo sincero que dar gratuitamente. Resulta interesante que en español la palabra “presente” signifique al mismo tiempo “regalo” y el momento en el que vivimos, el “tiempo presente”.

Regalar nuestra presencia se puede transformar entonces en un doble regalo, aunque parezca intangible: nos ayuda a transformar nuestras relaciones, ayudándonos a cultivar el bienestar en nosotros mismos y en quienes nos rodean.

Estar completamente presentes es el mayor regalo que le puedes dar a aquellos que amas: a tus padres, a tus hijos, a tu pareja, a tus amigos, a tus nietos, tus compañeras y compañeros de camino…

Regalar tu presencia es una práctica que no requiere ninguna condición externa para que la realices, ni siquiera es necesario que la menciones.

“Durante los próximos días cultiva tu presencia consciente, afectuosa y abierta con quienes te relacionas.

No tienes que hacer nada en especial, simplemente permanece presente cuando estés con esa persona:

Atento a tu respiración, escuchando y mirando con amabilidad a quien tienes al lado, sin esperar nada a cambio, abriéndote a la bondad de tu corazón.

Si aparecen ideas o juicios que te saquen del ahora, regresa de nuevo conectando con tu cuerpo y tu respiración. Vuelve a través de ellos a la escucha, la apertura y la aceptación de quien está contigo.

No trates en esos momentos, de arreglar ni mejorar nada.

Recuerda que tu presencia plena es una expresión profunda del amor que les profesas”.

Sé en esta semana un regalador anónimo de presencia!!

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(Junio 2020)

Podemos definir mindfulness como la capacidad de prestar atención al momento presente intencionadamente con aceptación y sin juicio. Con su práctica habitual lo que vamos consiguiendo es activar en nosotros un  espacio interior de “calma atenta” que está más allá de las circunstancias externas y que nos va permitiendo desidentificarnos de nuestro “yo egoico”  (el yo pequeño y personal) y situarnos cada vez más en nuestro “yo esencial”, este que está libre de todos los condicionamientos y limitaciones que hemos ido acumulando a lo largo de la vida. De esta forma no nos alejamos de la vida, si no que por el contrario podemos vivirla de una manera más plena y consciente, dándonos cuenta de todo cuanto realmente sucede en nuestro mundo exterior e interior.

Así, el mindfulness se va convirtiendo en una forma de vida, su entrenamiento está basado en la práctica formal y en la práctica informal. La práctica formal es la meditación propiamente dicha y sobre ella podrás encontrar mucha información en esta página web. Pero de lo que vengo a hablarte hoy es de la importancia que tiene la práctica informal para ir impregnando nuestra vida de esa conciencia serena y atenta propia de la filosofía mindfulness.

La práctica formal y la práctica informal han de complementarse, no basta con sentarse a meditar unos minutos cada día, lo cual también es muy importante y están demostrados científicamente los numerosos beneficios que la meditación nos trae, pero  es esencial que esa conexión interior y ese estado de atención despierta sea evocada el mayor tiempo posible durante el día. Digamos que de esta forma alargamos los efectos de la meditación y multiplicamos su potencial. Para ello existen determinados enfoques que puedes ir integrando para empezar a vivir en modo mindfulness. Se trata de propuestas sencillas, que no requieren mucho tiempo y aunque sencillas no dejan de ser potentes impulsores del cambio en nuestra forma de percibir la vida.

A continuación te cuento algunas prácticas informales que te invito a ir probando. Es importante ser perseverante  y los cambios no se harán esperar:

STOP

Durante el día, date un tiempo de vez en cuando para detenerte, respirar y observar lo que ocurre en tu interior. Hacer esto consciente te saca del círculo de la inconsciencia, te trae al presente y te ayuda a relajarte.

Puedes hacer un STOP cuando te sientas tenso, alterado o estresado. También puedes programar la alarme de tu móvil cada cierto tiempo para recordarte la necesidad de hacer un STOP y volver al presente. Solo te llevará dos minutos.

S: Stop, me detengo…

T: Tomo aire, respiro…

O: Observo… cuerpo, pensamientos, emociones…

P: Prosigo con lo que estaba, continúo desde la consciencia.

Desayuno consciente

Empezar el día con consciencia es de vital importancia si queremos entrenarnos en mantener la presencia durante el resto del día. De sobra son conocidos los beneficios de la alimentación consciente que consiste en desactivar el piloto automático a la hora de comer, tomando plena consciencia del momento de la comida y todo lo que conlleva. No se trata tanto de prestar atención a qué comemos, sino a cómo lo comemos.

Durante los próximos días, en el momento del desayuno evoca tu presencia consciente y esta vez hazlo sin distracciones (móvil, tv, etc…), un poco más despacio de lo habitual, utilizando los cinco sentidos, observa tus movimientos, saborea, mastica varias veces. Si desayunas en compañía de alguien, escúchale también con atención. Activa tu presencia en este momento tan importante del día, te sorprenderá los beneficios que esto conlleva.

Sandwich Mindfulness

Es frecuente que en medio de nuestra actividad habitual, entremos en el modo “piloto automático” sin darnos cuenta. No importa que estemos en la oficina, trabajando en casa, haciendo gestiones o estudiando… La actividad nos sitúa muy a menudo en modo “hacer” y nos desconecta del modo “ser”.

El estrés proviene en gran parte de esto, ya que el peso de las actividades, tareas y responsabilidades puede hacernos perder la perspectiva y sentirnos sin recursos suficientes para enfrentar la situación. Hay un método sencillo y eficaz para reenfocar la mirada regresando al centro que nos permita ser más eficaces y seguir adelante con calma, se trata de tomarnos un sándwich mindfulness cada cierto tiempo.

Recuerda esta semana cada dos o tres horas de intensa actividad, o cuando te sientas desbordado  por alguna situación, tomarte un sándwich mindfulness, que consta de dos rebanadas de respiración consciente y un relleno de cuerpo en acción.

  • Practica la respiración consciente, con cinco respiraciones será suficiente.
  • Moviliza tu cuerpo, si puedes da un pequeño paseo, acércate a la ventana, o simplemente estira las piernas, los brazos, bosteza…
  • De nuevo cierra el ejercicio con otras cinco respiraciones conscientes.

Te sorprenderá lo oxigenante y relajante que resulta este sano tentempié.

Caminar consciente

Caminar es algo que solemos hacer con el piloto automático. A partir de ahora, cuando te dirijas a algún lugar o estés simplemente callejeando, hazlo de un modo diferente: con un ritmo más lento, acompasando la respiración con tus pasos. Advierte las sensaciones corporales al caminar, el contacto de los pies en el suelo, el movimiento de tu cuerpo, el aire en la cara. Así mismo observa cómo van y vienen los pensamientos y sentimientos sin engancharte a ellos. Desactivar el piloto automático al caminar y hacerlo de modo consciente puede ser algo realmente liberador.

SLOW con atención

La propuesta para el día de hoy es que realices alguna de las actividades que consideres tediosa, aburrida o algo incómoda para ti, de forma plenamente consciente. Podría tratarse de limpiar el polvo, barrer el suelo, hacer la comida, lavar los platos, vaciar el lavavajillas, hacer la compra… Déjate guiar por tu intuición para elegir esa actividad que en realidad no te gusta hacer demasiado y cuando la realices, decide centrar tu atención “en hacer realmente lo que estás haciendo”. Realízala de forma algo más lenta de lo habitual, esto te ayudará a ser más consciente.

Entrena tu atención realizando dicha actividad cada día lentamente y con plena consciencia. Te sorprenderán los resultados.

Salir del modo en espera

Cada vez que tengas que esperar, en una fila, en un atasco, en una cita… Sal del modo “en espera” y entra en modo “Ser”.

Renuncia a la espera como estado mental, vuelve al presente y disfruta simplemente “siendo”, estando contigo mismo, sin prisas, sin resistirte al momento presente. Aprende a cultivar tu sana paciencia en las esperas.

Escucha atenta

Practica durante el día de hoy la escucha atenta. Recuerda que no es lo mismo oír que escuchar. Trata durante estos días de chequear la calidad de tu escucha, sin criticarte, sino con la genuina intención de estar presente en el acto de escuchar.

Cuando alguien te hable, presta atención y no le interrumpas hasta que termine.

Date cuenta del momento en que tu mente empieza a desviarse y a pensar una respuesta, se va al pasado o a futuro, o se enreda en juicios, suposiciones o interpretaciones…

Cuando te pilles en este despiste, trae de nuevo tu atención de vuelta a la escucha.

Regresa aquí y ahora.

Respira conscientemente al menos una vez antes de tomar tú la palabra.

Acepta cuando tu escucha no sea todo lo atenta que te gustaría. Simplemente toma ese momento como una ocasión privilegiada para fortalecer tu práctica.

Podrás encontrar estas y otras muchas prácticas en nuestra app gratuita. No lo dudes, conviértete en una persona mindfulness, los beneficios de vivir de este modo son innumerables, la sensación de bienestar irá aumentando progresivamente y pasarás de vivir en piloto automático a vivir en modo consciente.

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(Mayo 2020)

¿De verdad quieres volver a la antigua normalidad? Yo te invito hoy a que te lo cuestiones.

Se acerca el momento de volver a retomar nuestras vidas después de este gran paréntesis que hemos vivido a causa de la pandemia que nos ha sacudido a nivel mundial. Cada uno lo habrá vivido desde su estado de conciencia y de acuerdo a la situación que le haya tocado vivir, pero el desafío es utilizar esta crisis para dar un gran salto en nuestra evolución y plantearnos si realmente queremos seguir viviendo como antes. Comprometerte con tu propio cambio y evolución personal es comprometerte a crear una humanidad mejor.

Te invito a que te cuestiones desde tu corazón, qué cambios estás necesitando hacer, qué vida quieres vivir y cómo quieres estar en el mundo. Para ello reflexiona por favor sobre los siguientes aspectos que te planteo y ponte en marcha con tu cambio si así lo sientes, y si no, puedes seguir viviendo la vida como hasta ahora, en realidad, tú decides.

  • ¿Cómo te relacionas con tu cuerpo físico? ¿lo cuidas? ¿lo tratas bien? ¿qué le das? ¿cómo te alimentas? ¿cómo descansas? ¿eres sedentario? ¿lo que haces, lo haces por verdadero amor y respeto a tu cuerpo o es más por encajar en estándares sociales y estéticos? ¿lo amas? Relacionarte amorosamente con tu cuerpo es esencial en cualquier camino de desarrollo personal, atiéndelo, escucha sus mensajes. Tú eres el mayor responsable de tu salud física.
  • ¿Cómo te relacionas con tu mente? ¿Sigues funcionando a merced de ella? ¿Te dominan y controlan tu vida pensamientos intrusivos, programas aprendidos y una mente que va a la deriva sin orden ni concierto? De lo que se trata es de utilizar a nuestra mente, no de que sea ella la que lleve las riendas de nuestra vida. Atención, concentración y meditación son la clave. Tú puedes reeducar a tu mente.
  • ¿Cómo te relacionas con tu mundo emocional? ¿Te dejas arrastrar por emociones que te alejan de tu paz interior? ¿Conoces tu mundo emocional? ¿Has observado que emociones se disparan y han de ser atendidas? Aprender a gestionar, calmar y regular nuestras emociones es esencial para mantenernos en equilibrio. Aprende mindfulness, inteligencia emocional, haz terapia si es preciso. No des la espalda a tus emociones, son la brújula que te indica qué debe ser atendido en tu interior.
  • ¿Has sanado, perdonado y soltado los aspectos de tu pasado que te mantienen en el sufrimiento y el dolor? En el subconsciente no existe el tiempo y en tu interior puede haber energía bloqueada que necesita ser liberada. En ocasiones queremos tener una vida feliz pero los programas y heridas del pasado no nos lo permiten. Atiéndete, no tengas miedo a mirar en tu interior. Busca ayuda si así lo sientes.
  • ¿Cómo es tu estilo de vida? ¿Nunca tienes tiempo de nada? ¿Vives inmerso en las prisas y el ajetreo incesantes? ¿Vives en el presente o te dejas llevar por la inercia de vivir entre el pasado y el futuro? Solo tenemos una vida y ésta pasa rápido y en ocasiones sin darnos cuenta. Párate, respira, trata de sentir cada instante de tu vida. Dedícate un espacio de silencio cada día para conectarte a tu presencia. Introduce pausas conscientes durante el día para sentir tu respiración, tu cuerpo, para saber dónde estás, como estás, qué sientes… Aquí y Ahora.
  • ¿Cómo te relacionas con los demás? ¿Tienes relaciones genuinas? ¿Con quienes te rodeas? ¿Te relacionas más desde la comparación, la crítica, el juicio, el egoísmo, el aparentar o desde el respeto, la empatía, la aceptación, la tolerancia, la cooperación y la solidaridad? Se honesto contigo mismo y cultiva las actitudes del corazón.
  • ¿Cómo te relacionas con la naturaleza, con el planeta y con todos los seres sintientes? Solo toma conciencia de esto, sin ningún tipo de reproche o juicio. Quizás ha llegado el momento de dejar de sentirnos superiores a los animales y relacionarnos con ellos y con nuestro precioso planeta con el respeto, el amor y la compasión que se merecen.
  • ¿Cómo es tu relación con lo espiritual, con lo trascendente, con lo intangible? ¿Te sientes un ser humano teniendo ocasionalmente una experiencia espiritual o sabes ya que eres un ser espiritual viviendo una experiencia humana? Ábrete a algo que está más allá de lo aparente y de lo material, porque es algo muy real y la base de tu transformación.
  • Y por último y por no extenderme mucho más, ¿has conectado ya con tus dones y talentos? ¿conoces tus capacidades y cualidades innatas? ¿haces lo que la sociedad marca, lo que se supone que debes hacer, lo que te han contado que es importante, o sigues los dictados de tu corazón, ejercitando y poniendo en acción eso que te apasiona y que te hace un ser único? Quizás ya lo hayas olvidado pero posees un gran potencial y es una pena que prives al mundo de lo mejor de ti.

Hay otras muchas cuestiones a tener en cuenta, pero se me ocurre empezar por estas. Ahora lee de nuevo con atención cada punto y deja resonar en tu interior qué cambios estás necesitando.  Tú decides si seguir viviendo la misma vida o tomar consciencia de dónde estás y hacia dónde quieres avanzar. Tú y solo tú eres el responsable de tu vida.

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(Abril 2020)

El perdón tradicional que nos han enseñado es una imitación distorsionada del Perdón del que vengo a hablarte hoy. El Perdón profundo te sana, te libera, te repara y te limpia completamente, ¿de qué? del rencor, del odio, de la amargura y de la culpa.

Si bien este Perdón puede abordarse desde un enfoque racional, solo es posible integrarlo desde un nivel transpersonal, pues realmente se trata de un proceso que viene de la mano del Ser, de nuestra parte más evolucionada y espiritual.

Lo que nos suele separar de utilizar el Poder Sanador del Perdón es el concepto erróneo que tenemos de él, basado en las creencias y la programación recibida en nuestra educación, familia, religión, sociedad… que nos ha llevado a utilizar el perdón desde nuestro ego programado, habiéndose perdido completamente su esencia y su dimensión profunda.

¿Qué NO es Perdón?

Es importante desterrar algunas de esas creencias erróneas, para poder acercarnos con confianza y humildad al verdadero proceso de Perdón:

  • Perdonar no es olvidar lo sucedido. Creer que perdonar es olvidar lo que ha sucedido, sin una experiencia de aceptación y comprensión profunda es una simple evasión. El proceso de perdón real te pone cara a cara con el conflicto, lo atiendes y te responsabilizas de él.
  • Perdonar no es someterse. El Perdón no quiere decir que lo que perdonas te parezca bien, tengas que aprobarlo y sacrificarte, ni mucho menos, excluye que tomes medidas para cambiar una situación, precisamente te permitirá conectar con la acción correcta sin perder tu libertad. El perdón a quien libera realmente es a ti mismo.
  • No es una manera concreta de comportarse basada en lo que consideramos bueno o malo. Se trata de una actitud interna, que sin duda traerá consecuencias, pero nace dentro y se manifiesta fuera, no al revés.
  • No exige necesariamente que te comuniques directamente con nadie. Es importante entender su dimensión interior. Puedes perdonar perfectamente a alguien fallecido o que no vayas a volver a ver.
  • Perdonar no es reprimir. No basta con decir que todo está bien y que lo que sea “ya está perdonado”. Hay que ser honesto y hacernos muy conscientes de si estamos reprimiendo la rabia y el dolor bajo un falso perdón. El verdadero perdón es algo profundo que nos lleva directamente a sensaciones de paz y liberación.

¿Qué es el Perdón?

Podemos decir que el verdadero Perdón es un proceso de liberación interior.

Es un proceso, que requiere su tiempo, su espacio, mucha fe y mucho amor. Desde nuestra mente racional es muy difícil entender algo que está más allá de lo personal, por ello voy a pedirte que para seguir leyendo, abras tu mente a nuevas posibilidades y sueltes la necesidad de entenderlo desde la lógica. Digamos que hay una parte de nosotros que es la mente sometida a una programación que se ha ido instalando a lo largo de nuestra vida, está fuertemente condicionada por el pasado y es limitada, desde aquí no hay posibilidad de un verdadero Perdón. Sin embargo en nosotros reside una Inteligencia auténtica, una Comprensión con mayúsculas, nuestra parte divina y esencial. Es desde aquí que se da el auténtico Perdón.

¿Cómo perdonar?

Todo acto de Perdón comienza con una decisión consciente. Tú decides, en tu libre albedrío, si quieres continuar atado a sentimientos de rencor, amargura y culpabilidad, o si algo dentro de ti decide ver a la persona, situación, o a ti mismo, de otra manera y entregar todo eso a tu inteligencia superior. Aquí comienza el proceso de perdón.

Ingredientes fundamentales:

Aceptación: acepto lo que siento, acepto el conflicto, el dolor, la situación, lo que sea que necesito perdonar. No reprimo, no evito, no niego, dejo de resistirme.

Responsabilidad: Soy responsable 100% de todo lo que hay en mi realidad y decido tomar las riendas del asunto. En mi está el conflicto, en mi está la solución.

Comprensión: Nada de lo que haya podido pasar, pudo ser de otra manera. Esta es la mayor comprensión que has de integrar.

Confianza: Fe total y absoluta para entregar el conflicto a tu yo profundo y despierto, a esa parte de ti que sabe, que comprende, que es Amor en sí misma.

Supongo que a tu mente racional le seguirán quedando dudas, pero tu mente profunda e ilimitada comprende muy bien todo lo que acabas de leer. Suelta el control de tu mente lógica y activa la energía de tu corazón, justo aquí está la puerta de entrada para conectar con las emociones expansivas de calidez, ternura, compasión y amor incondicional necesarias para activar el poder sanador del perdón.

En mi propio proceso de sanación y evolución personal, ha sido imprescindible trabajar el perdón transpersonal (y aún sigo haciéndolo) y puedo asegurarte que limpia, repara y sana profundamente. De momento te sugiero que revises qué temas sientes que requieren tu perdón (incluido tú mism@) y tomes una decisión al respecto.

Para ayudarte con ello, te invito a que te dejes llevar por la siguiente Meditación del Perdón, que podrás encontrar en nuestro nuevo canal de meditaciones de YouTube. Pincha aquí para poder disfrutar de esta meditación (si te gusta, no olvides suscribirte y compartir). ¡¡Gracias!!

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(Marzo 2020)

He pasado por muchas crisis en mi vida, algunas de ellas dramáticas. De unas he salido fortalecida y renovada a pesar del dolor atravesado, otras me mantuvieron sumida un tiempo en el drama, hasta que llegaba una nueva crisis para recordarme lo que tenía que ver.   Pero todas ellas, sin excepción, han sido una oportunidad. ¿Una oportunidad para qué? Una oportunidad para crecer, madurar, evolucionar, cambiar y despertar.

Todos, antes o después, atravesamos crisis desde el mismo momento de nacer, y así vamos acumulando nuevos recursos cuando sabemos utilizarlas y escuchar su mensaje, o por el contrario, vamos acumulando más miedos y limitaciones. Las crisis nos hacen darnos cuenta de la impermanencia de todo cuanto existe, nos sacan de nuestras “certezas”, hacen peligrar nuestra seguridad, nos confrontan con nuestras sombras y boicotean nuestros deseos.

Las crisis son inevitables, cuanto antes comprendas esto, antes podrás soltar el sufrimiento que supone tratar de mantener el control para que todo sea como tú crees que ha de ser. Lo que te hace sufrir no es el cambio, sino tu resistencia al cambio, así que lo más saludable que puedes hacer ante una crisis (y ahora mismo nos encontramos ante una macrocrisis a nivel planetario, causada por el Covid19) es soltar esa resistencia al cambio al que estamos siendo conducidos y vivir este momento desde el aprendizaje y el crecimiento. No te estoy diciendo que reprimas lo que sientes y niegues la realidad, que por cierto es muy dolorosa, te estoy pidiendo que te revises, que te observes, que te sientas, que te escuches de verdad, que mires hacia dentro. Es de vital importancia que cada uno descubra el sentido que tiene para sí mismo esto que está ocurriendo, que extraiga el aprendizaje que pueda enriquecer su sentido de la vida, que utilice esta crisis como un impulso de transformación.

Esta crisis que estamos viviendo ahora en masa, es una gran oportunidad para avanzar hacia un Despertar con mayúsculas. Un despertar hacia un nuevo nivel de conciencia donde podamos darnos cuenta de que vivir desde el pequeño “yo” es solo sobrevivir.

Ese “yo” pequeño es nuestro ego, nuestra máscara, la personalidad que hemos ido forjando y que no nos ha quedado más remedio que construir, es el que se remueve y sufre ante el mínimo contratiempo, el que vive en la queja, el victimismo y en la lucha. Ese “yo” que se siente separado del resto y que su lema es “ande yo caliente, ríase la gente”. Ese “yo” ya no funciona si queremos construir un mundo mejor, con unos cimientos fuertes y sanos, donde haya relaciones genuinas y cada quien encuentre su lugar. Y para ello el ser humano necesita una gran crisis como esta, que le lleve a cuestionar su forma de vivir, su forma de estar en el mundo, su escala de valores.

Este gran cambio que tanto necesitamos y que la Vida se está encargando de mostrarnos, ha de pasar inevitablemente por un proceso único e individual de cada ser, un proceso de transformación que cada persona tiene que hacer interiormente si realmente desea vivir y dejar de solo sobrevivir. Este es un proceso que no es fácil, pero que es muy necesario. Nos da pereza, lo evitamos, ignoramos su importancia, lo demoramos, pero la vida, una y otra vez, en forma de distintas crisis, síntomas y situaciones, te recordará por dónde no tienes que seguir caminando y hacia dónde si tienes que mirar, y la respuesta siempre es hacia dentro. Mirar hacia dentro te permitirá ir descubriendo ese gran Ser que sí eres, lleno de potencialidades sin descubrir y con infinitas posibilidades. Un gran Ser que alberga en su interior, debajo de capas y capas de inconsciencia, un núcleo con la mayor paz que nunca hayas podido imaginar.

No puedo dejar de nombrar como claves maestras para comenzar este gran proceso de autodescubrimiento y expansión de conciencia la Meditación, el Mindfulness y la Terapia Transpersonal. Son muchísimas las personas que han comenzado por ahí su camino de regreso al Ser y han vivido verdaderas transformaciones. Es nuestra responsabilidad ocuparnos de nosotros mismos, descubrirnos y despertar al fin. No te demores por más tiempo, el Universo te está esperando.

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(Febrero 2020)

Una de las bases de cualquier proceso de crecimiento personal es el Autoconocimiento. Conocerse a uno mismo pasa por ir develando, es decir, quitar el velo, a todo aquello que nos ha ido conformando como el ser humano que somos. El tramo más difícil del camino quizás sea reconocer aquellas sombras ocultas en nuestro interior que hemos ido relegando al sótano del  inconsciente, mirar sin miedo dónde hay desequilibrio y abrazar esas heridas que nos han marcado de algún modo y que siguen condicionando nuestra vida, aunque a veces el dolor sea tan intenso o incómodo que no queramos ni mirar, pues hemos aprendido a dirigir nuestra mirada hacia fuera, olvidando por completo quiénes somos, qué necesitamos y a qué hemos venido.

Solo si nos atrevemos a poner luz allí donde hay oscuridad y tomar la firme decisión de conocer aquello que habita en  nuestro mundo interior y que pareciera habérsenos hecho invisible, podremos realmente sanar nuestras heridas, integrar  nuestras sombras y transcender nuestras máscaras, para poder ir siendo cada vez más ese Ser que realmente somos.

Muchas personas me preguntan cómo hacer para conocerse, de qué manera pueden indagar por sí mismos en ese mundo oculto de sus propias sombras y heridas, pues lo cierto es que aunque haya una verdadera motivación, en muchas ocasiones tan oculto está todo ese conglomerado de emociones reprimidas, creencias limitantes y heridas sin atender, que se hace verdaderamente difícil poner luz allí donde por tanto tiempo solo ha habido oscuridad.

Para ello hay una mágica Ley que viene a enseñarnos que a través de lo que vemos en los demás, como si de un espejo se tratara, podemos tirar del hilo para comprender todo aquello que necesitamos ver, alumbrar y sanar de nosotros mismos.

La Ley del Espejo es una ley muy reconocida en el mundo del desarrollo personal y espiritual. Podemos estructurarla en cuatro enunciados, que serían los siguientes:

  1. Todo lo que me molesta, irrita, enoja o quiera cambiar del otro, está dentro de mí.
  2. Todo lo que me critica, combate o juzga el otro, si me molesta o hiere está reprimido en mí.
  3. Todo lo que el otro me critica, juzga o quiere cambiar de mí, sin que a mí me afecte, le pertenece a él.
  4. Todo lo que me gusta del otro, lo que amo en él, también está dentro de mí, reconozco mis cualidades en otros.

Y así es, no te pido que creas esto sin más, te pido que lo pongas en práctica si realmente tienes un honesto interés en crecer y evolucionar. El mundo es tan maravilloso que te pone delante todo aquello que no puedes ver en ti y actúa como un espejo que refleja tu propio mundo interior. Cuando comprendes e interiorizas esta ley, se transforma tu manera de ver la vida y te das cuenta de que no eres víctima de nada ni de nadie, pues todo lo que experimentas y los demás te muestran realmente está en ti.

Esas emociones negativas que alguien te despierta se convierten en el hilo del que tirar para poner atención en lo que necesita ser atendido. Si empiezas a aplicar esta ley, estás abriendo las puertas al autoconocimiento y cuando empiezas a sanar tu interior, el mundo empieza a reflejarte una realidad distinta. Y al transformarte tú, tu mundo exterior se transformará.

Cuando sientas en tu interior que alguien te remueve algo por dentro, para un momento y pregúntate ¿qué está reflejando esto de mí? Podría ser entre otras cosas:

  • Similitud: Partes de ti que no quieres ver. Se te está mostrando tu propia sombra, algo de ti que no toleras ni aceptas. En este caso necesitas trabajar sobre ello para empezar a aceptar e integrar esas partes.
  • Opuesto: Estás viendo en el otro algo que es todo lo contrario a ti y que no soportas en los demás. En este caso el espejo te está mostrando un desequilibrio interior, te estás situando en un extremo y el trabajo consiste en buscar ese equilibrio interno.
  • Expectativas: No estás aceptando al otro porque quieres que sea como tú crees que debe ser. Aquí se trata de trabajar la aceptación y soltar la necesidad de control.
  • Heridas sin sanar. Observa qué te trae la vida una y otra vez en forma de sufrimiento, bloqueo, reacción, rechazo… pues ahí es donde hay un conflicto interno sin atender.

Deja de luchar para que los demás cambien y para que la vida sea como tú crees que debe ser, todo es un reflejo de ti mismo, de aquello que has de hacer consciente. Coge toda esa información que te llega del exterior para transformar tu interior. Y recuerda que si tú no cambias, nada cambia. Tu propósito en esta vida es evolucionar, conocerte y ser feliz y todo ello será posible en el momento que tomes las riendas de tu vida y decidas salir de los automatismos y sanar tu interior y en este caso esta maravillosa Ley puede ser una gran ayuda.

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(Enero 2020)

Una mente que no está entrenada, que no nos molestamos en reeducar, que no es observada, es una mente que va a la deriva. Los budistas suelen decir que los occidentales tenemos una mente de mono, comparando el comportamiento de nuestra mente con el de un mono que va saltando de rama en rama sin ningún orden ni concierto. Y así es, por lo general el estado habitual de nuestra mente que funciona por defecto, es el de una mente errante, no enfocada, no funcional.

La mente piensa, esto es así  y no podemos pelearnos contra ello ni pretender dejar de pensar, pues sería un esfuerzo inútil. Lo que sí podemos hacer es trascender a nuestra mente, activar un espacio interior de observación que nos permita “darnos cuenta” de nuestros pensamientos y simplemente observarlos. La clave es bien sencilla, cómoda y al alcance de cualquiera: la respiración consciente.

¿Tienes cinco minutos de tu día para dedicarlos a esto? ¿O tienes demasiado poco tiempo libre como para “perderlo” en pararte a respirar conscientemente? ¿Te has preguntado alguna vez cuánto tiempo pierdes en darle vueltas al mismo pensamiento intrusivo  que quizás te haya durado horas, días o semanas? ¿Cuánta energía malgastas en rumiar sobre temas sin llegar a ninguna solución? ¿Cuánto malestar te provoca preocuparte de cosas que probablemente nunca van a suceder? ¿Cuántos pensamientos tóxicos y destructivos ocupan tu espacio mental mermando tu autoestima y bienestar?

La falta de costumbre o la pereza, y mucho menos la falta de tiempo no pueden servirnos de excusa para empezar a tomar las riendas de nuestra propia mente y entrenarnos en utilizarla como la estupenda herramienta que es. Déjame decirte que  el modo en que nos relacionamos con nuestra propia mente, no es utilizarla en absoluto, pues normalmente es ella la que se apodera de nosotros y lleva el timón de nuestra vida, lo cual nos conduce a vivir intranquilos, tristes, cansados, desmotivados, enfermos y desconectados de nosotros mismos, de los demás y de la vida.

Si bien, la mayor parte del tiempo no podemos elegir los pensamientos que nos llegan a la mente, sí podemos elegir con cuales nos quedamos y dejar ir simplemente a aquellos que nos perturban, son nocivos, obsesivos o no aportan soluciones ni claridad. Sí, una vez que tu mente esté entrenada, no tienes por qué “enredarte” con ese tipo de pensamientos, ni siquiera tienes que negarlos o tratar de eliminarlos. Cuando has practicado lo suficiente, podrás detectarlos y simplemente cuando te des cuenta de ellos, dejarlos pasar. Nacen, permanecen un tiempo, pero si no te dejas atrapar por ellos, simplemente se van. Si no me crees, haz la prueba por ti mismo.

La respiración consciente se trata de esto, de respirar conscientemente, es decir, la respiración sucede por sí sola, pero de todas las funciones vitales de nuestro organismo, ésta es la única que podemos hacer también de manera consciente, lo cual supone un lugar de encuentro entre la actividad nerviosa involuntaria y la función nerviosa voluntaria. Respirar con consciencia significa retirar nuestra atención del barullo mental y llevarla  al mero acto de estar respirando:

  1. Siéntate en un lugar tranquilo donde puedas estar solo unos minutos.
  2. Espalda recta, hombros relajados, abdomen distendido.
  3. Ponte a respirar, dándote cuenta de la respiración.
  4. Es importante que la respiración no se corte en el pecho, sino que sea abdominal, notando como el abdomen se expande y se relaja con cada respiración.
  5. Si surgen pensamientos, obsérvalos de la misma manera que observas pasar las nubes en el cielo, suéltalos amablemente y regresa tu atención a la respiración.
  6. Regresa a tu respiración una y otra vez.

Esta es la manera más simple, rápida y eficaz de empezar a meditar. No hace falta que te hagas un gran meditador si no quieres (lo cual por otra parte es bastante recomendable), pero empezando con 5 minutos al día es suficiente para ir notando cambios e ir aumentando el tiempo si así lo deseas hasta 20 o 30 minutos al día. Lo importante es que no desistas y perseveres en la práctica cada día, pues los beneficios bien merecen la pena y son entre otros:

  • Conseguirás que tu mente se vaya aquietando progresivamente, por lo que estarás más sereno y tranquilo, reduciendo considerablemente la ansiedad y el estrés.
  • Podrás detectar antes los pensamientos negativos y destructivos, por lo que podrás cortar a tiempo esa cadena interminable de destrucción.
  • Ganarás en enfoque y concentración en tu día a día, lo que aumentará tu capacidad de enfrentarte a los distintos retos de la vida.
  • Activarás el llamado Testigo Interior, una parte de ti, que te permite vivir la vida de manera más consciente y con mayor plenitud.
  • Cambiarás tus reacciones automáticas impulsivas por respuestas más conscientes y equilibradas.
  • En definitiva, usarás tu mente de manera funcional y no dejarás que sea ella la que te maneje a ti.

Te aseguro que funciona, pruébalo durante al menos 8 semanas y es imposible que no obtengas resultados. ¿De verdad no quieres dedicar a ello 5 minutos al día? Si no lo haces, está bien, pero no estarás invirtiendo en tu salud mental y ello tendrá como consecuencia seguir teniendo una mente que se apodera de ti en cualquier momento. Tú decides.

ATRÁS

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(Diciembre 2019)

Ansiedad, depresión, estrés, dependencias, baja autoestima, obsesiones, insomnio, adicciones, apegos… Crisis vitales, trastornos y conflictos de todo tipo son los males de nuestro siglo que parecen tener de fondo el mismo denominador común: un gran vacío existencial.

Más allá de la biografía que cada uno carga a sus espaldas, existe una gran insatisfacción de fondo, mucho más profunda de lo que aparentemente nos lleva en ocasiones, a la consulta de psicólogos, psiquiatras, coaches y terapeutas de todo tipo.

Dicha insatisfacción en el fondo, no es más que un vacío de sentido, un divorcio de lo que realmente somos, un desconocimiento del propósito vital. En resumidas cuentas, un “olvido” del Gran Ser que en esencia somos.

Tenemos una carencia de paz interior, que tratamos de suplir con lo “exterior”, empeñándonos en una búsqueda sin fin de algo que llene nuestro agujero existencial, una búsqueda que sin duda enfocamos en la dirección equivocada, pues no es fuera de nosotros donde está la clave, sino en nuestro interior.

Esta sed de “encontrarnos a nosotros mismos” y de sentirnos plenos dentro de nuestra propia piel, solo puede ser saciada si vamos llenando ese agujero cada vez más de nuestra propia esencia, vaciándonos al mismo tiempo de todo aquello que no es nuestro, que fue impuesto y aprendido, quizás para sobrevivir, protegernos o ser aprobados. Y que ahora nos condiciona y nos ancla a vivir una vida, que en realidad no queremos vivir.

Tres claves: Quietud, Atención y Autoconocimiento.

 Quietud

En este mundo caótico y sin sentido, se hace necesario parar. No de vez en cuando, no cuándo no podamos más, sino cada día. Aprender a meditar es sin duda, el mayor acto de amor y cuidado que podemos concedernos. Nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestra alma, necesitan silencio, que nos aquietemos, que nos reconozcamos, que nos sintamos, que dejemos de “hacer” para entrar en el modo SER. Desde ahí podremos comenzar a conocer esa esencia y a comprender el sentido de todo esto que llamamos Vida.

Atención

Podemos aprender a enfocar nuestra mirada interior a todo lo que nos sucede fuera y dentro de nosotros mismos. Atentos a lo que pasa, a lo que pienso, a lo que siento, a lo que hago. Esta salida del piloto automático que funciona por defecto, es la que nos lleva a la genuina plenitud y a la verdadera libertad interior. En la práctica de la Atención Plena está la clave para salir de los viejos patrones que nos condicionan y elegir actuar de forma diferente ante los mismos estímulos de antes y de experimentar la vida no como un medio para conseguir un fin, sino como un fin en sí misma. Esta es la base del gran cambio entre vivir o sobrevivir.

Autoconocimiento

Reconocernos a través de un viaje interior honesto, que nos permita conocernos es la otra gran clave de la verdadera paz interior. Observar nuestras luces y nuestras sombras, comprender qué nos hace actuar de determinada manera, qué heridas están sin atender, qué carencias arrastramos, qué patrones están grabados. Y si el camino se hace en ocasiones difícil de transitar en soledad, buscar ayuda sin miedo, en un alma que pueda acompañarte en el proceso. Toda crisis vital y desarmonía interior es una invitación a parar y a invertir la mirada hacia dentro. Las dificultades no están para hacernos sufrir, sino para hacernos conscientes y evolucionar.

Con estos tres ingredientes, podremos dejar de sentir ese gran agujero existencial, la necesidad compulsiva de llenarlo de mil maneras y la sensación de que siempre nos falta algo.

 

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