La mente de mono

(Enero 2020)

Una mente que no está entrenada, que no nos molestamos en reeducar, que no es observada, es una mente que va a la deriva. Los budistas suelen decir que los occidentales tenemos una mente de mono, comparando el comportamiento de nuestra mente con el de un mono que va saltando de rama en rama sin ningún orden ni concierto. Y así es, por lo general el estado habitual de nuestra mente que funciona por defecto, es el de una mente errante, no enfocada, no funcional.

La mente piensa, esto es así  y no podemos pelearnos contra ello ni pretender dejar de pensar, pues sería un esfuerzo inútil. Lo que sí podemos hacer es trascender a nuestra mente, activar un espacio interior de observación que nos permita “darnos cuenta” de nuestros pensamientos y simplemente observarlos. La clave es bien sencilla, cómoda y al alcance de cualquiera: la respiración consciente.

¿Tienes cinco minutos de tu día para dedicarlos a esto? ¿O tienes demasiado poco tiempo libre como para “perderlo” en pararte a respirar conscientemente? ¿Te has preguntado alguna vez cuánto tiempo pierdes en darle vueltas al mismo pensamiento intrusivo  que quizás te haya durado horas, días o semanas? ¿Cuánta energía malgastas en rumiar sobre temas sin llegar a ninguna solución? ¿Cuánto malestar te provoca preocuparte de cosas que probablemente nunca van a suceder? ¿Cuántos pensamientos tóxicos y destructivos ocupan tu espacio mental mermando tu autoestima y bienestar?

La falta de costumbre o la pereza, y mucho menos la falta de tiempo no pueden servirnos de excusa para empezar a tomar las riendas de nuestra propia mente y entrenarnos en utilizarla como la estupenda herramienta que es. Déjame decirte que  el modo en que nos relacionamos con nuestra propia mente, no es utilizarla en absoluto, pues normalmente es ella la que se apodera de nosotros y lleva el timón de nuestra vida, lo cual nos conduce a vivir intranquilos, tristes, cansados, desmotivados, enfermos y desconectados de nosotros mismos, de los demás y de la vida.

Si bien, la mayor parte del tiempo no podemos elegir los pensamientos que nos llegan a la mente, sí podemos elegir con cuales nos quedamos y dejar ir simplemente a aquellos que nos perturban, son nocivos, obsesivos o no aportan soluciones ni claridad. Sí, una vez que tu mente esté entrenada, no tienes por qué “enredarte” con ese tipo de pensamientos, ni siquiera tienes que negarlos o tratar de eliminarlos. Cuando has practicado lo suficiente, podrás detectarlos y simplemente cuando te des cuenta de ellos, dejarlos pasar. Nacen, permanecen un tiempo, pero si no te dejas atrapar por ellos, simplemente se van. Si no me crees, haz la prueba por ti mismo.

La respiración consciente se trata de esto, de respirar conscientemente, es decir, la respiración sucede por sí sola, pero de todas las funciones vitales de nuestro organismo, ésta es la única que podemos hacer también de manera consciente, lo cual supone un lugar de encuentro entre la actividad nerviosa involuntaria y la función nerviosa voluntaria. Respirar con consciencia significa retirar nuestra atención del barullo mental y llevarla  al mero acto de estar respirando:

  1. Siéntate en un lugar tranquilo donde puedas estar solo unos minutos.
  2. Espalda recta, hombros relajados, abdomen distendido.
  3. Ponte a respirar, dándote cuenta de la respiración.
  4. Es importante que la respiración no se corte en el pecho, sino que sea abdominal, notando como el abdomen se expande y se relaja con cada respiración.
  5. Si surgen pensamientos, obsérvalos de la misma manera que observas pasar las nubes en el cielo, suéltalos amablemente y regresa tu atención a la respiración.
  6. Regresa a tu respiración una y otra vez.

Esta es la manera más simple, rápida y eficaz de empezar a meditar. No hace falta que te hagas un gran meditador si no quieres (lo cual por otra parte es bastante recomendable), pero empezando con 5 minutos al día es suficiente para ir notando cambios e ir aumentando el tiempo si así lo deseas hasta 20 o 30 minutos al día. Lo importante es que no desistas y perseveres en la práctica cada día, pues los beneficios bien merecen la pena y son entre otros:

  • Conseguirás que tu mente se vaya aquietando progresivamente, por lo que estarás más sereno y tranquilo, reduciendo considerablemente la ansiedad y el estrés.
  • Podrás detectar antes los pensamientos negativos y destructivos, por lo que podrás cortar a tiempo esa cadena interminable de destrucción.
  • Ganarás en enfoque y concentración en tu día a día, lo que aumentará tu capacidad de enfrentarte a los distintos retos de la vida.
  • Activarás el llamado Testigo Interior, una parte de ti, que te permite vivir la vida de manera más consciente y con mayor plenitud.
  • Cambiarás tus reacciones automáticas impulsivas por respuestas más conscientes y equilibradas.
  • En definitiva, usarás tu mente de manera funcional y no dejarás que sea ella la que te maneje a ti.

Te aseguro que funciona, pruébalo durante al menos 8 semanas y es imposible que no obtengas resultados. ¿De verdad no quieres dedicar a ello 5 minutos al día? Si no lo haces, está bien, pero no estarás invirtiendo en tu salud mental y ello tendrá como consecuencia seguir teniendo una mente que se apodera de ti en cualquier momento. Tú decides.

ATRÁS

- Comparte esta información -