Un Sultán soñó que había perdido todos sus dientes. Al despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

– ¡Qué desgracia, mi Señor! -dijo el sabio-… Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad…

– ¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Castigadle! – gritó el Sultán enfurecido.

Más tarde, el Sultán envió a llamar a otro sabio, pues no estaba tranquilo con el dichoso sueño. El sabio llamado, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

– Excelso Señor, ¡Gran felicidad os ha sido reservada! El sueño significa que sobrevivirás a todos tus parientes…

El semblante del Sultán se iluminó con una gran sonrisa y ordenó que entregaran cien monedas de oro al sabio.

Cuando éste salía de Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

– ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho del sueño del Sultán es la misma que hizo el primer sabio ¡No entiendo porqué al primero se le pagó con un castigo ejemplar y a ti con cien monedas de oro!

El sabio sonriendo respondió:

Amigo mío, todo depende de la forma en la que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra… La verdad
puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir profundamente. Pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.

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Dicen que en una época muy lejana, Dios solía pasear por la tierra y se quedaba largas temporadas. Se cuenta que un día un campesino fue a verle y le dijo:
– Mira Dios, tú puedes haber creado el mundo, pero hay algo que tengo que decirte: No eres un campesino y no tienes ni idea de agricultura ¡Tienes muchas cosas que aprender de esto!
– ¿Y cuál es tu consejo?, respondió Dios…
– Dame un año – le dijo el campesino – y déjame tomar las decisiones a mí. Veremos qué pasa… Te garantizo que en ese tiempo la pobreza dejará de existir.
Dios aceptó, y le concedió al campesino un año.
Naturalmente el campesino pidió lo mejor, y sólo lo mejor: Ni tormentas, ni ventarrones, ni peligro alguno para el grano. Todo confortable y cómodo. El campesino era muy feliz. El trigo, aquel año, creció muy alto, como nunca se
recordaba. Cuando quería sol, hacía sol. Cuando quería agua, llovía tanto como hiciera falta… Así que el campesino volvió a ver a Dios, y le dijo:
– Mira el grano. Tendremos tanto, que si la gente no trabaja en diez años, no pasará nada ¡Habría de sobra para todos y aún quedaría lo suficiente!
Sin embargo, en el momento en el que fue a cosechar el trigo, el campesino observó que los granos, aparentemente grandes y hermosos, estaban vacíos.
Entonces, muy sorprendido, le preguntó a Dios:
– ¿Qué ha pasado? ¿Qué error he cometido?
– Como no hubo desafío – dijo Dios – no hubo conflicto, ni fricción. Como tú evitaste todo lo malo, el trigo se volvió impotente. Un poco de lucha es imprescindible para extraer lo bueno. Las tormentas, los truenos y los relámpagos, son sucesos necesarios porque sacuden el alma del trigo y le hacen crecer fértil y fuerte.

 

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(Noviembre 2019)

Mucho de nuestro sufrimiento se debe a energías emocionales que han quedado sin procesar dentro de nosotros. Las emociones que vamos viviendo a lo largo de nuestra vida a veces pueden ser abrumadoras y por varios motivos, esa energía emocional que no se procesa completamente y queda sin digerir, puede quedar atrapada en nuestro interior ocasionando significativos problemas de todo tipo que nos bloquean y nos impiden en muchas ocasiones sentirnos libres interiormente y vivir la vida que queremos vivir.

Nadie nos enseñó a gestionar nuestro mundo emocional, no tuvimos adultos cerca que nos ayudaran a hacerlo,  porque ellos mismos no sabían, y carecíamos de los recursos necesarios para que esas emociones “difíciles” pudieran cumplir su ciclo. Ahora, puedes sentir que hay un gran peso en tu interior y no sabes muy bien qué hacer. A menudo, un gran porcentaje de enfermedades físicas, problemas emocionales, bloqueos mentales y autosabotaje son causados por esta energía emocional atrapada.

Este campo de energía sigue latente en nuestro interior hasta que un nuevo estímulo fuerza su reaparición y en ocasiones de forma tan intensa, que nos atrapa y nos desborda. Estas emociones deben ser vistas, reconocidas, atendidas, removidas y liberadas. Este proceso es importante realizarlo de manera supervisada y acompañada, tanto en la aplicación de técnicas terapéuticas como en la entrega de afecto, confianza y comprensión del terapeuta. Tras la toma de conciencia de nuestros patrones emocionales, podemos comenzar todo un trabajo de atención y liberación de la energía emocional atrapada.

Se dice que “un conflicto observado es un conflicto resuelto”, esto no quiere decir que el patrón que nos perturbaba desaparezca de la noche a la mañana, se resuelve en el sentido de que el nudo ha sido liberado y podemos ir drenando todo ese contenido emocional.

Consulta en el apartado Gestión emocional, la metodología y técnicas utilizadas en Centro Mindfulness para la sanación del cuerpo emocional.

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