Un discípulo llegó ante su maestro y le dijo:

– Algunos amigos y familiares sostienen que no existe la vida después de la muerte.

El Maestro no dijo nada. Solamente sonrió.

El discípulo insistió:

– ¡Pero eso sería horrible! Ya no existiríamos… no podríamos ver, ni escuchar, ni amar… ¡qué tremendo!

– Pues no deberías horrorizarte tanto. Mira a tu alrededor y comprueba que la mayoría de las personas vive de esa forma durante toda su vida, no vive plenamente, no ama, no ve, no escucha…

La pregunta correcta que deberían hacerse todos los seres humanos sería: “¿existe la vida antes de la muerte?”

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La práctica continua de mindfulness supone una importante mejora en la calidad de vida. Están comprobados sus beneficiosos efectos sobre la ansiedad, la depresión, la obsesividad, los trastornos psicosomáticos, los trastornos de personalidad, los trastornos de alimentación o una amplía variedad de enfermedades físicas.

La práctica de la atención plena de la respiración es la práctica inicial y fundamental en el aprendizaje de mindfulness. El adiestramiento en mantener la atención en la respiración es la base de cualquier tipo de meditación ya que supone el aprender a sostener la atención en un objetivo. El principiante tiene que empezar a ser consciente de su capacidad de atención o consciencia, y aunque la pierda con las distracciones, vuelve una y otra vez sobre su objetivo.

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Desde la década de 1970 la psicología clínica y la psiquiatría usan el mindfulness como uno de los posibles tratamientos para varias enfermedades psicológicas, en particular para la reducción de la ansiedad y la depresión​.

Si bien hay evidencia de que la terapia mindfulness tiene una efectividad mayor que la mera exposición a psicoeducación, relajación, imaginación, su eficacia es similar a la terapia cognitivo-conductual.

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La palabra Mindfulness es una palabra de origen anglosajón cuya traducción al castellano no es exacta, la más aproximada y utilizada es “atención plena”. Mindfulness es la práctica de la atención plena en el momento presente, aquietando el mundo mental y facilitando el acceso a niveles profundos de consciencia.

El mindfulness moderno está basado en la meditación Vipassana, una antigua técnica de meditación de la India que consiste en “tomar conciencia del momento presente”, “tomar conciencia de la realidad” , “vivir el momento”.

La palabra Mindfulness es también una de las primeras traducciones que se hicieron de la palabra “sati” en pali, un idioma vernáculo similar al sánscrito que se hablaba en la época en que el Buda comenzó a enseñar hace 2500 años. Sati es la nominalización del verbo “sarati” que significa rememorar o recordar. Puesto que recordar es precisamente traer al presente, en su concepción última sati o mindfulness es la capacidad humana básica de poder estar en el presente y de “recordarnos” estar en el presente, es decir, constantemente estar volviendo al aquí y ahora.

Consiste en prestar atención, momento a momento, a pensamientos, emociones, sensaciones corporales y al ambiente circundante, aceptándolos, es decir, sin juzgar si son correctos o no. La atención se enfoca en lo que se percibe, sin dar pie a rumiación, definida esta última como la preocupación excesiva por los problemas y sus posibles causas y consecuencias, en vez de estar dirigida a buscar soluciones.

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El origen del Mindfulness se encuentra en el budismo, hace más de 2.500 años, aunque es importante señalar que su práctica está desprovista de cualquier dogma, religión o ideología.

Se considera que el Mindfulness tiene su origen en Kapilavastu, lugar que hoy día es frontera entre la India y Nepal. Allí, donde tantas enseñanzas orientales sobre el hombre y la consciencia han tomado forma para después propagarse por todo el planeta, parece que surgió esta práctica.

Pero lo más curioso es que el Mindfulness nació del ambiente palaciego de hace unos 2500 años. En este lugar un hombre, descendiente de Suddhodana, rey de los Sakya, llamado Siddharta Gautama, constituye la primera referencia histórica con la que hoy contamos.

Siddharta terminó por ser un hombre hastiado de su vida acomodada y rutinaria. Así pues, también acabó por sentirse cansado del sufrimiento que le rodeaba. De este modo, decidió entregar su existencia a un ascetismo realmente riguroso. Siddharta comenzó una vida de intensa meditación, pero no encontró en ella el aliento que necesitaba. La búsqueda de vías de escape para el estado emocional en el que se encontraba le llevó una noche a sentarse bajo la higuera sagrada en Uruvela, en la orilla de un río afluente del Ganges. Y ahí fue donde se prometió que no se movería hasta encontrar el conocimiento verdadero.

Pero curiosamente, esa misma noche recibió una revelación. Para alcanzarla tuvo que superar las tentaciones enviadas por el dios Mara, que trató de embaucarle de todas las formas posibles para que desistiera de su propósito. Así es como pasó a ser conocido como Buda, es decir, el Iluminado.

Ya en nuestra época, en la década de los 70, Jon Kabat Zinn, doctor en biología molecular y profesor emérito de medicina, es el pionero en traer a Occidente toda esta filosofía tras dedicarse un largo tiempo a estudiar e investigar las prácticas del zen y el yoga con diversos maestros budistas. Diseñó en 1979 el Programa de Reducción de Estrés basado en Mindfulness (MBSR), siendo una de las intervenciones más estudiadas para reducir el estrés, la ansiedad, la depresión y diversas condiciones físicas asociadas con estados de estrés crónico y desequilibrio.

Desde entonces, la Atención Plena  se ha convertido no solo en una potente técnica de transformación interior, sino también en toda una filosofía de vida.

 

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El jefe de una tribu Cheerokee le habla a su nieto acerca de la vida. Le dice:

– Una gran batalla está ocurriendo dentro de mí.

– Es una lucha terrible.

– Es una lucha entre dos lobos.

– Uno de los lobos es el mal: él es el temor, la ira, el envidia, la codicia, la arrogancia, el resentimiento, la mentira, la soberbia, la culpa.

– El otro es el bien: él es la alegría, la paz, el amor, la esperanza, la humildad, la generosidad, la verdad, la compasión, la dulzura y la fé.

– Esta misma pelea ocurre dentro tuyo y dentro de cada uno de nosotros.

El niño se queda pensando en lo que le había dicho su abuelo. Pasado un tiempo le pregunta:

– ¿Qué lobo ganará?

El anciano mira a su nieto fijamente y contesta:

– El que alimentas.

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Dos amigos se reunieron para comer y antes uno de ellos pasó por el quiosco a comprar el periódico. Este saludó amablemente al vendedor. El quiosquero, en cambio respondió con malos modales y muy desconsiderado le lanzó el periódico de mala manera.

El comprador en cambio sonrió amablemente y pausadamente deseo al quiosquero que  pasara un buen día, dándole las gracias por su servicio.

Los dos amigos continuaron el camino y cuando ya estaban alejados del quiosco, el otro amigo le dijo:

– Oye ¿Este hombre siempre te trata así?

– Si, por desgracia – le dijo el amigo

– ¿Y tú siempre te muestras con él tan educado y amable?

– Si, así es.

– Y ¿me quieres decir, por que tú eres tan amable con él, cuando él es tan antipático contigo?

– El amigo le contesto: es bien fácil. No quiero que sea él quien decida como me he de comportar yo.

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En cierto lugar había un sabio admirado por su bondad y su paciencia. Nunca se le oía quejarse y siempre parecía estar tranquilo y feliz. No era de extrañar que despertara la curiosidad de sus paisanos: ellos también querían vivir como él…¿Cuál era su secreto?…El sabio se lo reveló:

-Cuando estoy echado, estoy echado. Cuando estoy de pie, estoy de pie. Cuando ando, ando. Cuando corro, corro.

-Pero eso hacemos nosotros también -dijeron, decepcionados sus interlocutores-, sin embargo, nuestra vida no es como la tuya. ¡Tiene que haber algo más!

-Tenéis razón -admitió el sabio-, hay una diferencia: vosotros cuando estáis echados, ya estáis de pie, y apenas estáis de pie, ya andáis, y apenas estáis andando, ya corréis.

Poco a poco los oyentes iban comprendiendo lo que el sabio quería decir…

-Pensáis en el mañana y os perdéis el hoy, no escucháis cuando alguien habla, creéis que vuestra felicidad es lo que todavía no tenéis. Vuestra atención pertenece a lo que aún está por venir…

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Un ateo estaba pasando un día tranquilo de pesca, cuando su bote fue atacado por el monstruo del lago Ness.

Con una tremenda sacudida, la bestia volcó su bote y lo arrojó a él por los aires hasta que aterrizó en el agua.

Cuando el hombre flotaba patas arriba, comenzó a gritar:

– ¡Dios mío…! ¡¡¡¡¡¡ Sálvame!!!!!!

De inmediato, la escena del feroz ataque quedó paralizada, y estando el ateo como suspendido entre las aguas y la espuma de la batalla, una voz estruendosa se dejó oír desde las nubes:

– ¡Pensé que tú no creías en mí!

– Vamos Dios… ¡Dame otra oportunidad! – imploró el ateo – ¡¡¡¡Tampoco creía en el monstruo del lago Ness!!!!

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Cuentan que había una vez un hombre que trabajaba en un pequeño pueblo interior de un lejano país. Había conseguido ese trabajo, un puesto muy codiciado, a pesar de que él vivía en una aldea vecina al otro lado del monte.

Cada día, el hombre se despertaba en su pequeña casa en la que vivía solo, preparaba sus cosas y salía por el sendero para caminar durante tres horas que le llevaba llegar a su trabajo. No había otra manera de llegar que no fuera caminando a través del monte.

El ritual se repetía al anochecer en dirección contraria, hasta que el hombre llegaba a su casa rendido, y apenas tenía tiempo para cocinarse alguna cosa y dormir hasta la madrugada del día siguiente. …Así durante cuarenta años…

Una mañana, al llegar al pueblo, casi sin haberlo pensado, se acerca a su jefe para decirle que va a dejar su trabajo. Le dice que ya no tiene edad de semejante caminata dos veces al día, que lo ha hecho durante cuarenta años y ya no quiere hacerlo más…

El jefe, mucho más joven que él, le pregunta con genuina curiosidad por qué, en cuarenta años, no se ha mudado de pueblo…

El trabajador, baja la cabeza y contesta:

– Lo pensé… Pero como no sabía si el trabajo iba a durar… ¡No quise correr riesgos innecesarios!

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