Vergüenza
(Abril 2022)
Considero que las emociones no son “negativas” o “positivas” tal y como se suele decir. Las emociones son respuestas psicofisiológicas totalmente adaptativas y funcionales que tenemos los seres humanos. Se trata de un tipo de energía compleja, que nos ha permitido adaptarnos y motivarnos a lo largo de la historia. Cada emoción tiene su función, todas ellas la tienen.
Ahora bien, las emociones que no reconocemos, que no permitimos y que no gestionamos de manera funcional, se van quedando atrapadas en nuestro interior y ser van convirtiendo en emociones “tóxicas”, pero no porque la emoción sea negativa por sí misma, sino porque esa energía emocional mal regulada, de alguna manera se queda estancada en nuestro interior y la vivimos como algo muy negativo y contractivo. En algún momento saldrá de manera desproporcionada, causándonos mucho sufrimiento.
Dicho esto, hoy me gustaría hablarte de una de las emociones, que desde mi punto de vista, en sus niveles tóxicos, es una de las más limitantes: La vergüenza.
Hay tantas clasificaciones de las emociones básicas como autores. Es decir, no hay una “clasificación oficial” de emociones. Muchos autores dejan fuera de este listado la emoción de la vergüenza, pero en mi opinión y desde mi experiencia personal y profesional, es una de las principales emociones, a la que tendríamos que empezar a poner atención, observar, gestionar y regular, para comprender más sobre nosotros mismos y aprender a transcenderla. Muchas veces se esconde en forma de miedo, rabia o tristeza, pero habría que mirar bien hacia dentro, porque a veces lo que hay de fondo, es vergüenza. Y es que así son las emociones, se tapan unas a otras.
La vergüenza es una emoción social, es decir, se origina en la relación con los otros. Su función adaptativa es regular nuestro comportamiento para adaptarnos a ciertas normas sociales, poner límites a nuestra privacidad, o evitar el rechazo social.
En cambio, la vergüenza disfuncional, se llega a convertir en una sensación de ser defectuoso, de que hay algo erróneo en nosotros, o de que no somos lo suficientemente buenos, volviéndose muy auto-destructiva, haciéndonos evitar mostrarnos como somos, ocultar partes nuestras y hasta sentir desprecio por nosotros mismos.
La vergüenza tóxica está llena de creencias negativas sobre lo que somos, bloquea nuestra energía y mantiene nuestro espíritu encarcelado. Y he aquí, donde reside la importancia de esta emoción. Las personas dominadas por la vergüenza, quedan atrapadas en una idea muy limitada de sí mismas, albergando en su interior una gran herida espiritual, que les aleja de su más pura esencia. Y no necesariamente las personas que albergan sentimientos profundos de vergüenza son aparentemente personas tímidas o vergonzosas. La vergüenza, por su propia naturaleza suele esconderse bajo capas de una falsa apariencia, creada precisamente para esconder esa vergüenza.
Su origen suele estar en la infancia: Cállate… No está bien ser como eres… Ocúltate… Trata de encajar… Pórtate bien… No hagas eso… Eres malo… Compárate…
Mensajes estos, que de forma consciente o inconsciente, en mayor o menor medida, hemos ido grabando desde niños en nuestro interior y que junto a las experiencias de vergüenza vividas, nos van llevando a sentirnos pequeños, indignos, inferiores, sucios, inadecuados o defectuosos.
La vergüenza es bastante universal, no nos enseñaron a aceptarnos, a amarnos y a reconocer el ser sagrado que en esencia somos. Así, fuimos distanciándonos de nosotros mismos, tratando de encajar, dando la espalda a nuestros anhelos reales y a nuestras verdaderas necesidades, quedando nuestro verdadero yo, solo y aislado.
El trabajo emocional se hace necesario hoy más que nunca. Son tiempos de sanar, de soltar lo obsoleto, de vaciarnos de lo que ya no sirve. Mirar sin miedo en nuestro interior y poner luz en nuestras sombras es la tarea pendiente para empezar a vivir con sentido y propósito, sin límites a nuestra propia realización, experimentando la vida desde el Ser que somos, dejando una bonita huella a nuestro alrededor y dándolo todo de nosotros.
La vergüenza tóxica, más que ninguna otra emoción, puede convertirse en el impulso evolutivo necesario para transcender esa herida espiritual que nos aprisiona en una imagen limitada y distorsionada de lo que somos y regresar a nuestra verdadera Esencia.
Te invito a que te observes sin miedo, el trabajo interior es una de las asignaturas pendientes de nuestro tiempo. Las emociones son una brújula perfecta que nos indican el camino a seguir. El primer paso debe ser la observación y el reconocimiento de nuestras heridas emocionales, a partir de ahí, hay muchas técnicas, terapias y herramientas para ir sanando, soltando, liberando, regresando a nosotros mismos. En un próximo post, te hablaré sobre ello.
Hoy solo quiero decirte, si intuyes sentimientos de vergüenza en tu interior, que puedes relajarte ya, todo eso es falso, despójate de todo eso que no eres y regresa a tu verdadera naturaleza. En realidad eres un ser sagrado, perfecto, digno de amor y merecedor de toda la felicidad.
Atrévete a bucear por tu mundo emocional y si en algún momento del camino requieres ayuda pídela sin más.
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