Actitudes que transforman

(Marzo 2021)

“Actitudes que transforman”

Podemos definir la palabra actitud como la tendencia o predisposición aprendida, más o menos generalizada y de tono afectivo, a responder de un modo bastante persistente y característico, ante las circunstancias de la vida.

Lo importante es que te fijes en que las actitudes que tenemos ante la vida, normalmente son aprendidas. Las hemos ido integrando y automatizando en base a nuestras experiencias y aprendizajes. La buena noticia entonces, es que podemos entrenarnos en desarrollar nuevas actitudes que aporten más felicidad y plenitud a nuestra vida. Sí, se pueden entrenar y cultivar, y esto es algo que solo depende de ti. ¿Te animas a empezar a incorporar determinadas actitudes que te acercarán a vivir la vida con más armonía y plenitud? Te estoy hablando, como no podía ser de otra manera, de las actitudes mindfulness.

En el camino de la Atención Plena, nos predisponemos desde el principio a cultivar una serie de actitudes internas desde las que acercarnos a la práctica meditativa formal y a la práctica informal, y que según las vamos experimentando, las reconocemos como algo muy auténtico y natural nuestro, que en realidad hemos ido perdiendo por el camino. Estas actitudes son verdaderas acciones transformadoras sobre las que merece la pena reflexionar e ir incorporando en nuestra forma de vivir.

Aceptación: se trata de reconocer lo que hay en el presente como es y no como me gustaría que fuera. No es resignación, sino dejar de resistirme a lo que es tal y como es. No es tampoco renunciar a cambiar las cosas en el futuro, pero sí acogerlas como son en el presente, sin evitarlas o huir de ellas, sino permaneciendo con ellas. Se trata de sintonizar con lo que hay ahora tal y como es y no malgastar mi energía en luchar contra ello. Un concepto relacionado es lo que algunos autores llaman “rendición”, un nuevo estado de conciencia en el que lo que antes se experimentaba como una situación sin salida ante la que nos resistíamos, puede acogerse y convertirse en un punto de salida y una nueva oportunidad. Al dejar de negar y luchar con las cosas tal y como son, descubres en ti una mayor energía para transformar después lo que has hecho consciente.

No juicio: la mente funciona por naturaleza dividiendo, etiquetando, clasificando y juzgando. Este funcionamiento, si bien es útil funcionalmente en determinadas ocasiones, no obstante la mayoría de las veces esta capacidad de juzgar sucede de forma automática, lo que nos encierra en patrones de reacción, pensamientos, sentimientos y comportamientos repetitivos, de los que la mayoría de las veces no somos conscientes y además nos separa de la experiencia directa del momento presente, enredándonos en prejuicios y distorsiones. En la práctica de mindfulness nos entrenamos, por el contrario, en observar la realidad pero sin juzgarla, nos mantenemos ecuánimes y no tomamos en cuenta los enjuiciamientos que puedan aparecer. Nos relacionamos con los contenidos de la experiencia sin juicio, conforme van desplegándose en el momento presente. El juicio puede ser que venga a mi mente, pero yo decido no prestarle mi atención.

Paciencia: La paciencia es la capacidad de afrontar la experiencia, especialmente si es difícil, con calma. Requiere un cultivo de la tranquilidad interior y de un cierto grado de aceptación hacia la experiencia en sí misma. A menudo su contraria, la impaciencia, surge de la exigencia de querer cambiar las cosas en vez de aceptarlas tal y como son. La paciencia se sostiene en la sabiduría natural de reconocer que todo tiene un ciclo vital que es necesario respetar. La paciencia conlleva hacer consciente la tendencia a apresurarnos a cada instante, deseando que llegue el siguiente, advirtiendo que esto no es más que un juego de la mente y que en realidad solo existe el “ahora”.

Mente de principiante: Consiste en la actitud de quien observa algo con interés sin dejarse arrastrar por experiencias previas, como si lo experimentara por primera vez, procurando que nuestros recuerdos y etiquetas no empañen lo que tenemos delante en este momento. Nos entrenamos en estar atentos a lo que sucede en este preciso instante, a la novedad, con curiosidad y respeto ante aquello que se nos revela por primera vez. En realidad cada momento es único y hacernos conscientes de esto nos permite acceder a la experiencia directamente, libre de expectativas y recuerdos, con la misma frescura de cuando éramos niños.

Soltar: Tal y como dice el budismo, el apego es el origen del sufrimiento. En la práctica de la atención plena nos entrenamos en desapegarnos de todo aquello a lo que nos aferramos. Nuestro ego, respondiendo a pautas de supervivencia en las que el poseer es sinónimo de supervivencia, se aferra pensando que, en el retener, se acerca a la felicidad y a la seguridad. Sin embargo esto choca frontalmente con una evidencia difícil de ignorar: la impermanencia de todo cuanto existe, incluso la vida misma. Nada del mundo material permanece, pues todo está sujeto a un cambio continuo. Revisa tus apegos y aprende a “soltar”.

Distensión: Es la ausencia de esfuerzo desproporcionado. Implica practicar el “ser”, no el “hacer”. En la práctica meditativa, nos entrenamos en el “Ser” permitiendo que suceda lo que está sucediendo, sin esforzarse por cambiar algo de lo que aparece, sino simplemente de estar con ello tal y como aparece. Y la paradoja es que, al no pretender cambiarlo, al no invertir esfuerzo y energía en transformarlo, el cambio comienza a “suceder”. Y tú, ¿crees que la vida requiere tantísimo esfuerzo?.

Confianza:  A medida que practicamos la atención plena, nos damos cuenta de que somos nosotros mismos los que mejor sabemos qué es lo que cada momento nos trae y qué necesitamos. Dejamos de tener la necesidad de maestros exteriores, de “expertos” que nos cuenten qué nos está pasando aquí y ahora. Se trata de confiar en la propia autoridad para conocerse a si mismo, en lugar de buscarla fuera. “Cree en ti, y todo será posible”.

Amor / Compasión: Es importante, tanto en nuestro proceso de entrenamiento en la práctica meditativa, así como en la vida misma, que nuestra actitud sea amorosa, amable y compasiva hacia nosotros mismos. Así podremos serlo también con los demás. Cuidarte, respetarte, atenderte y ser bondadoso contigo mismo es la base de cualquier proceso de transformación interior. Revisa como te tratas a ti mismo. A veces somos muy exigentes, injustos y destructivos con nosotros mismos. Si es así, empieza ya mismo a cambiar la forma en que te tratas, es de vital importancia.

Todas estas actitudes se complementan entre sí y practicarlas te va llevando a un nuevo estado de consciencia que te acercará a experimentar la vida con una mayor plenitud, paz y armonía. Normalmente requieren su tiempo, su entrenamiento es un proceso gradual, que cada vez se hace más ligero y gratificante.

Revisa la lista de nuevo y mira a ver que actitudes necesitas cultivar con más atención. Y recuerda que tú y solo tú, eres el creador de tu realidad.

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