(Septiembre 2020)

“Me da pereza meditar”

En bastantes ocasiones me encuentro la resistencia  de la pereza en  muchas personas que comienzan a practicar la meditación  y hoy vengo a desmontar esta excusa tan común y tan limitante, por si fuera éste tu caso.

Cuando uno decide empezar a meditar porque de una manera intuitiva sabe los beneficios que ello puede traer a su vida, suele cogerlo con muchas ganas y motivación, al principio todo son buenos propósitos y empieza a seguir todos los pasos, a crear un espacio, incluso a veces se compra un cojín de meditación, incienso, o simplemente toma la decisión consciente de buscar ese momento del día para desconectar del mundo y conectarse a sí mismo, pero… una cosa es la teoría y otra la práctica.

Soy consciente de que en muchas ocasiones surgen resistencias de todo tipo: no tengo tiempo, esto no es para mí, tengo cosas más importantes que hacer, esto no sirve para nada… nuestra mente  y nuestro cuerpo no están acostumbrados a parar, a pasar del modo “hacer” al modo “ser” y ahí empieza una pequeña batalla para instaurar un hábito en tu rutina que sin duda puede cambiar tu vida.

Hoy vamos a profundizar en la pereza como excusa para ponerse a meditar, y es que es curioso, porque meditar en realidad es ¡no hacer nada! es simplemente sentarte a estar, ahí, contigo, observando lo que surge, nada más, pero esto aparentemente tan fácil y sencillo, a veces nos da una pereza que no podemos vencer,  porque claro, nos han programado desde bien pequeños para ser productivos, a hacer, a correr y a no parar, pero déjame decirte que esto que tanto te cuesta es una inversión de tiempo, en tu calidad de vida, en la calidad de cualquier actividad que te propongas hacer después, en tu paz mental, en tu autoconocimiento y en tu bienestar.

La pereza no puede hacerte perder la oportunidad de experimentar algo tan importante, si ya has llegado hasta ahí, si ya has tomado esa decisión, si por el motivo que sea te has dispuesto a probar, hazlo. Se firme y utiliza el poder de tu intención para vencer a esa pereza. Que nada te impida darte esta oportunidad de conectarte a tu Ser y a la Vida, porque aunque cueste  coger el hábito, una vez instalado de forma regular, te aseguro que no podrás dejarlo. Al menos date el plazo mínimo de 8 semanas y cada día durante ese tiempo siéntate a meditar, empieza por 5 minutos y ve subiendo el tiempo de meditación (en mi opinión unos 30 minutos es lo ideal) ponte audios guiados si te ayudan al principio, busca un guía si crees que lo necesitas, acude a algún grupo de meditación si lo sientes, ve ajustando tu propio tiempo, lugar y postura, pero no permitas que la desgana y las falsas creencias limitantes te dejen instalarte en la pereza. En estos tiempos que corren, se hace muy necesario que nos cultivemos interiormente si realmente queremos ver un cambio a nivel personal que nos vaya llevando a un verdadero cambio global, y es que los grandes cambios son así, de uno en uno y a pequeña escala, hasta que una masa crítica de gente vaya reflejando esa paz y bienestar en el mundo.

Para resumir de forma magistral la pereza a la hora de meditar, te transcribo a continuación unos párrafos del libro Ecología Mental. Experimentar la Paz, de Jorge Lomar, cuya lectura siempre recomiendo y nunca dejaré de hacerlo:

“¿Cómo puede dar pereza algo tan gozoso y efectivo como meditar? Está claro que la pereza la establece una mente que no tiene en cuenta la paz como máximo objetivo. Beber agua fresca del río cuando sudas en la caminata no puede dar pereza. Descansar cuando tu cuerpo está alterado y cansado, no puede dar pereza. Solo puede dar pereza desprogramar el implante que hay en tus creencias de que debes producir, hacer cosas como una máquina y aprovechar el –siempre escaso- tiempo que te queda como todo cuerpo que caduca. ¿Pero es ésta la percepción que deseas aceptar de ti mismo?

Mucha más pereza me da seguir atrapado en el personaje que persigue zanahorias y que huye del palo. Pereza da el ir de un lado a otro subido a un caballo que no sabe a dónde va. Pereza da alterarse constantemente, sentirse un muñeco emocional, estar atrapado por el tiempo con prisas de un lado para otro, crear problemas, frustrarse y volver una y otra vez a las andadas. ¡Esto sí que da pereza!”

Así que por favor, si estás leyendo esto y sientes que no meditas porque te da pereza, no permitas que ésta te venza y te prive de la oportunidad de vivir una vida plena y consciente, ni más ni menos que la vida que mereces.

ATRÁS

- Comparte esta información -