(Diciembre 2019)

Ansiedad, depresión, estrés, dependencias, baja autoestima, obsesiones, insomnio, adicciones, apegos… Crisis vitales, trastornos y conflictos de todo tipo son los males de nuestro siglo que parecen tener de fondo el mismo denominador común: un gran vacío existencial.

Más allá de la biografía que cada uno carga a sus espaldas, existe una gran insatisfacción de fondo, mucho más profunda de lo que aparentemente nos lleva en ocasiones, a la consulta de psicólogos, psiquiatras, coaches y terapeutas de todo tipo.

Dicha insatisfacción en el fondo, no es más que un vacío de sentido, un divorcio de lo que realmente somos, un desconocimiento del propósito vital. En resumidas cuentas, un “olvido” del Gran Ser que en esencia somos.

Tenemos una carencia de paz interior, que tratamos de suplir con lo “exterior”, empeñándonos en una búsqueda sin fin de algo que llene nuestro agujero existencial, una búsqueda que sin duda enfocamos en la dirección equivocada, pues no es fuera de nosotros donde está la clave, sino en nuestro interior.

Esta sed de “encontrarnos a nosotros mismos” y de sentirnos plenos dentro de nuestra propia piel, solo puede ser saciada si vamos llenando ese agujero cada vez más de nuestra propia esencia, vaciándonos al mismo tiempo de todo aquello que no es nuestro, que fue impuesto y aprendido, quizás para sobrevivir, protegernos o ser aprobados. Y que ahora nos condiciona y nos ancla a vivir una vida, que en realidad no queremos vivir.

Tres claves: Quietud, Atención y Autoconocimiento.

 Quietud

En este mundo caótico y sin sentido, se hace necesario parar. No de vez en cuando, no cuándo no podamos más, sino cada día. Aprender a meditar es sin duda, el mayor acto de amor y cuidado que podemos concedernos. Nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestra alma, necesitan silencio, que nos aquietemos, que nos reconozcamos, que nos sintamos, que dejemos de “hacer” para entrar en el modo SER. Desde ahí podremos comenzar a conocer esa esencia y a comprender el sentido de todo esto que llamamos Vida.

Atención

Podemos aprender a enfocar nuestra mirada interior a todo lo que nos sucede fuera y dentro de nosotros mismos. Atentos a lo que pasa, a lo que pienso, a lo que siento, a lo que hago. Esta salida del piloto automático que funciona por defecto, es la que nos lleva a la genuina plenitud y a la verdadera libertad interior. En la práctica de la Atención Plena está la clave para salir de los viejos patrones que nos condicionan y elegir actuar de forma diferente ante los mismos estímulos de antes y de experimentar la vida no como un medio para conseguir un fin, sino como un fin en sí misma. Esta es la base del gran cambio entre vivir o sobrevivir.

Autoconocimiento

Reconocernos a través de un viaje interior honesto, que nos permita conocernos es la otra gran clave de la verdadera paz interior. Observar nuestras luces y nuestras sombras, comprender qué nos hace actuar de determinada manera, qué heridas están sin atender, qué carencias arrastramos, qué patrones están grabados. Y si el camino se hace en ocasiones difícil de transitar en soledad, buscar ayuda sin miedo, en un alma que pueda acompañarte en el proceso. Toda crisis vital y desarmonía interior es una invitación a parar y a invertir la mirada hacia dentro. Las dificultades no están para hacernos sufrir, sino para hacernos conscientes y evolucionar.

Con estos tres ingredientes, podremos dejar de sentir ese gran agujero existencial, la necesidad compulsiva de llenarlo de mil maneras y la sensación de que siempre nos falta algo.

 

ATRÁS

- Comparte esta información -